El espacio.

Empecemos con una serie de preguntas que siempre me he hecho pero han estado resonando en mi cabeza con mayor frecuencia últimamente. ¿Para qué intervengo un espacio? ¿Qué contrastaría la escena espacialmente?

Pensemos en algo que valga la pena mirar por si solo o que cobre sentido sólo cuando es habitado por emociones. Pareciera que va de la mano, no?… ¿Cómo es que un objeto recibe una carga emotiva? La experiencia, el tiempo, el símbolo y el significado, son algunos ejemplos. ¿Qué relación tengo con él? ¿Esa misma relación la tendrán los demás?

Acabo de iniciar tres proyectos nuevos y totalmente distintos. Uno lo dirige un amigo actor muy querido en el que hemos coincidido en proyectos anteriormente. Ha decidido iniciarse como director, un área en el que pareciera tiene cero experiencia pero a mi parecer, tiene mucha claridad en cuanto a la dirección del camino para la puesta en escena, siempre muy abierto a explorar todas las posibilidades. El segundo y tercero, es un director joven con experiencia y mucha pasión. Con claridad en sensaciones pero poca visibilidad en cuanto a lo que hay que habitar, lo que me da una libertad creativa muy divertida. Hemos trabajado juntos anteriormente, cuando escribo que dialogamos, me refiero intrínsecamente a confrontarnos, esa es la base de nuestra relación, colaboración y diversión. 

Las fechas de estreno son totalmente distintas, lo cuál me da una libertad en cuanto a condiciones de tiempo se refiere, para trabajar cómodamente.

Hablo particularmente de éstos 3 proyectos debido a que la escenografía e iluminación corren a mi cargo. Aunque bueno, ¿qué es la escenografía sin la luz? Y viceversa. No me pondré poética porque en estos tiempos de producción, a veces sólo diseñas un área, otras diseñas todas y en realidad, ese no es el tema que quiero hablar ahora. 

Regresando a los proyectos…

Los tres tienen temáticas distintas, visiones y posturas del teatro totalmente opuestas pero el fin es común: contar una historia y conmover al espectador. En este momento, me encuentro en el inicio del proceso creativo con los 3. Estoy en esa etapa clave de explorar la imaginación para encontrar una respuesta emotiva con relación al espacio escénico. Como les mencionaba en otros posts, observar es clave para mi. Poner atención a lo que me atrae visualmente, por qué me atrajo y con qué conecto de esto que llamó mi atención. La historia que vamos a contar, necesita un espacio único y particular. Que necesita ser desarrollado bajo distintos lineamientos y consideraciones artísticas mencionadas anteriormente y técnicas, cómo las limitantes a favor o en contra del foro, el presupuesto, etc. Considero obligatorio cuestionarme de dónde vienen las ideas, lo que me dice el texto y el director. Estar abierta a la posibilidad del cambio y seguir explorando el espacio. 

Es justamente para esto que intervengo el espacio. Para encontrar la traducción espacial de la puesta en escena. Dar forma al espacio para dejar pasar la luz que esta por habitarse de lo humano. Encontrar el lugar para el ritual, lo magnífico, lo avasallador, siempre tomando como prioridad lo humano. Para seguir haciéndome preguntas y trabajando para intentar encontrar las respuestas…

Diálogo entre iluminador y director

¿Cómo se inicia una relación entre creativos? Alguno de los dos da el primer paso. La relación depende fundamentalmente en el carácter. 

Quise escribir sobre este tema porque existen muchas ideas, erróneas en su mayoría a mi parecer, sobre esta relación que es fundamental para la puesta en escena. Aquí les van algunas de mis reflexiones, al respecto. 

Empecemos con que es un trabajo de colaboración y comunicación. No se trata de jerarquías sino de concebir ideas, visiones y crear. Para que esto suceda, debe de existir libertad y esa siempre es una decisión personal. Confrontarse es enriquecer la pieza, el objetivo en común es que en palabras burdas, el trabajo quede bien. Lograr los cometidos. Realizar la visión concebida.

No hay manera de separar la escenografía de la luz ni la luz de la escena. La luz hace que la materia exista y la materia hace visible a la luz. En relación a la luz se diseña el espacio. Por lo tanto, desde ambas partes hay que pensar como director, autor, iluminador, vestuarista, actor, bailarín y coreógrafo. La obra no es de uno solo, la obra es mía como de la actriz y la directora. 

La negociación es con los técnicos a la hora del montaje, con el director se dialoga porque tanto el diseñador como el director se encuentra la visión, la necesidad de hacer realidad lo que se esta trabajando en conjunto. Encontrar el tono de la pieza reflejada en el espacio escénico. Lo humano, como en todas las relaciones, debe estar siempre presente.